Sobre la mercantilización del espíritu

De perogrullo y reiteración aborrecible y cansina sería empezar estas líneas citando al poeta en sus más famosos versos, así que no haré mella en ello y lo dejo por citado. Del mismo modo, parecería una rotunda pedantería el decir que estoy escribiendo esto la estación de tren de la ciudad a la que me refiero. Pero no se preocupen que a eso no me referiré. A lo que sí voy a referirme es al transcurso y devenir cinematográfico que llevó al director Emilio Estévez y al actor Martín Sheen al descubrimiento, iniciación y explotación (¿acaso no lo está ya?) del famoso peregrinaje al que, con fe o sin ella, lleva al actor norteamericano como si de penitencia se tratase. The Way (2010), plantea la historia del fallecimiento de Daniel Avery durante la iniciación del Camino de Santiago en Saint Jean de Pierre de Port. La aventura le dura poco a Daniel falleciendo por causas meteorológicas y es aquí donde empieza la aventura de un padre que intenta reconciliarse post mortem con su hijo. Un estudiante en crisis que decide emprender su propio camino después de abandonar su doctorado en Berkeley y que se adentra en las profundidades de un camino iniciándose cual Siddhartha en un camino de autoconocimiento. Después de la muerte de su hijo, el padre retoma la conquista con las cenizas de su hijo a las espaldas. No se equivoca con la premisa. A partir de ahí solo queda sitio para los nostálgicos del peregrinaje.

La búsqueda e intento de amalgama de todas las connotaciones populares convertidas ya en cliché se exponen una detrás de otra como una batería inagotable de repertorio cuñadista a través de las distintas escenas de la película. El compadreo entre peregrinos, la gitanería, el paisaje, el tópico acerca del guiri, la significación de un viaje que, en realidad, no tiene por qué tenerlo y como no, toros y flamenco.

Por supuesto, fuente inagotable de chistes, provocaciones y banalidades que representan el eslabón más bajo y simplista de la concepción del camino. La fórmula funciona, tengo entendido que los peregrinos americanos doblaron su asistencia desde el estreno de la película de Estévez.

Funciona, y de qué manera. A día de hoy los estudios del impacto en la economía local que se han llevado a cabo en determinadas universidades gallegas acerca del Camino de Santiago, han provocado no sólo la explotación de este recurso turístico, sino la expulsión y desplazamiento de los habitantes de la zona vieja de la ciudad de Santiago. Cosas del turismo y el Capital. Un camino que desde su inicio invitaba a adentrarse en los rincones de la Galicia rural y ancestral, donde mitología y provincianismo se unen para dotar al paisaje de un espíritu de incalculable valor. Lugar donde convivieron las tradiciones y la cultura celtas, hoy se traducen en souvenirs con simbología templaria, a pesar de que no haya constancia real de que por allí haya pasado cualquier guerrero de dicha orden. Paulo Coelho abruma con su literatura.

Desde una perspectiva alejada del circuito comercial, la construcción de una historia que se centrase más en lo paisajístico, en el diálogo introspectivo, en la reformulación de la esencialidad del ser humano sin recaer en lo anecdótico refuerzan el concepto romántico del viaje. De un viaje que no es sendero ni peregrinaje, sino que lo es con uno mismo; no de una verdad que se resuma en el conceptismo del ‘motivo religioso’, sino la de múltiples verdades que convergen en una sola, el individuo frente al paisaje.

Si bien es cierto que en ocasiones nos preguntamos por qué es o significa el camino, The Way nos muestra su concepto, su respuesta. En ocasiones, recuerdo el inicio de una de las veces que yo mismo emprendí ese viaje, concretamente desde Roncesvalles. Con el viaje en marcha hicimos parada en Pamplona y sin interés concreto se nos acercó un hombre, ni siquiera recuerdo su cara pero sí lo que dijo. Nos comentó que el Camino era tenacidad, soledad y sufrimiento, que íbamos a luchar hasta llegar a Compostela, sin embargo, cuando llegásemos debíamos cerrar los ojos muy fuerte y, delante de la catedral, teníamos que pensar en nuestros seres queridos, en aquellos que estaban y en los que no. Aquello se me quedó guardado. Supongo que ese es el verdadero significado del camino. Supongo que, al fin y al cabo, aquel hombre es el camino.

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